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«La pantera»: Rainer María Rilke; poema y análisis


«La pantera»: Rainer María Rilke; poema y análisis.




La pantera (Der Panther) es un poema del escritor checo Rainer Maria Rilke (1875-1926), compuesto el 6 de noviembre de 1902 y publicado en la antología de 1907: Nuevos poemas (Neue Gedichte).

La pantera, uno de los mejores poemas de Rainer María Rilke, describe la visión de un hombre que observa a una pantera encerrada. El hombre, naturalmente, es el autor; y la pantera está inspirada en un animal capurado y exhibido en Le Jardin des Plantes de París.

La pantera es un poema que reproduce la enorme tristeza de ver un animal salvaje encerrado, con los instintos anestesiados y los músculos atrofiados. Sin embargo, en el brillo imperecedero de esos ojos tras las rejas habita algo más que un silencioso reproche. La pantera no está adormecida: nos espera, nos acecha, quizás porque sabe que algún día tendrá su revancha.




La pantera.
Der Panther, Rainer María Rilke (1875-1926)

(En Le Jardín des Plaintes; Paris)

Su mirada, cansada de ver rejas,
ya no retiene nada.
Cree que el mundo está hecho rejas
y, más allá, la nada.

Con su caminar suave, sus pasos fuertes y flexibles,
gira sobre sí en un círculo estrecho;
al igual que las fuerzas alrededor de un centro
en el que, alerta, habita una voluntad invencible.

Algunas veces se alza el telón de sus párpados,
muda, una imagen viaja hacia adentro,
recorre la calma tensa de sus miembros,
y cuando cae en su corazón, se funde y se desvanece.


(Im Jardin des Plantes, Paris)

Sein Blick ist vom Vorübergehn der Stäbe
so müd geworden, dass er nichts mehr hält.
Ihm ist, als ob es tausend Stäbe gäbe
und hinter tausend Stäben keine Welt.

Der weiche Gang geschmeidig starker Schritte,
der sich im allerkleinsten Kreise dreht,
ist wie ein Tanz von Kraft um eine Mitte,
in der betäubt ein großer Wille steht.

Nur manchmal schiebt der Vorhang der Pupille
sich lautlos auf -. Dann geht ein Bild hinein,
geht durch der Glieder angespannte Stille –
und hört im Herzen auf zu sein.


Rainer María Rilke (1875-1926)




Poemas góticos. I Poemas de Rainer María Rilke.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del poema de Rainer Maria Rilke: La pantera (Der Panther), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Lo que Sigmund Freud no te contó sobre el complejo de Edipo


Lo que Sigmund Freud no te contó sobre el complejo de Edipo.




Hace poco analizamos la tragedia de Edipo en la versión del Marqués de Sade. Esta vez recorreremos un camino distinto, pero igualmente siniestro.

La historia de Edipo es bastante conocida por todos, de modo tal que solo intentaremos resumirla antes de pasar al tema que nos interesa.

Layo, rey de Tebas, recibió una profecía inquietante: si alguna vez engendraba un hijo varón, éste, una vez adulto, lo mataría. A partir de entonces, Layo se cuidó de no dejar embarazada a su esposa, Yocasta, pero una noche, completamente ebrio, se acostó con ella. Nueve meses después nació un niño. Layo, visiblemente inquieto, le perforó los pies y le encomendó a un pastor que abandonara en el monte Citerón.

Como en la mayoría de las leyendas en donde el hijo está destinado a matar al padre, ya sea por un oráculo o por voluntad de los dioses, el padre nunca consigue salirse con la suya. Sigmund Freud, en este caso, le reconoce a Layo un gesto de bondad al no matar directamente al pequeño Edipo, pero lo cierto es que su acto conforma una infame todavía más grave: al perforar los pies del niño Layo sabía, o creía, que nadie lo recogería; de manera tal que en realidad lo condenó a una muerte atroz.

El pastor al que se le había encargado la misión de abandonar al niño sintió piedad por él, y lo entregó los reyes de Corinto: Pólibo y Peribea (o a veces Mérope). Fue ella quien le dio el nombre de Edipo, que significa «pies hinchados». Sus padres adoptivos jamás le contaron sus orígenes, pero al llegar a la adolescencia, Edipo comenzó a albergar ciertas dudas.

El muchacho visitó entonces el Oráculo de Delfos, que insistió en la misma profecía que le había hecho a Layo: Edipo mataría a su padre, aunque también añadió que luego de cometer ese crimen desposaría a su madre.

Ahora bien, Edipo creía que sus padres eran aquellos que lo habían criado, Pólibo y Peribea, de modo tal que huyó de la ciudad de Corinto para escapar de su destino. Camino a Tebas se encontró con Layo en una encrucijada. Hubo cierto altercado sobre quién debía ceder el paso. La cosa se puso violenta, se desenfundaron las armas, y Edipo mató a Layo, desde luego, sin saber que era su verdadero padre.

La primera parte de la profecía se había cumplido.

Más tarde Edipo encontró con la Esfinge, especie de monstruo enviado por Hera, que se había aquerenciado en el monte Ficio, y que mataba a todo aquel que no pudiese descifrar sus oscuros acertijos. Al parecer, nadie antes de Edipo había conseguido vencer a la Esfinge, de modo tal que esta se mostró bastante confiada cuando formuló la siguiente pregunta:


¿Qué ser camina en cuatro patas en la mañana, en dos al mediodía, y en tres al ocaso?


Y Edipo respondió:


El hombre.


Esto hace referencia a que el hombre gatea en cuatro patas cuando es bebé, camina sobre dos cuando es adulto, y se apoya en un bastón cuando es viejo.

Tras ser derrotada, la Esfinge se arrojó dramáticamente desde la cima del monte Ficio y Edipo fue aclamado como salvador de Tebas. Pronto fue coronado rey, y se casó con la viuda de Layo, es decir, su madre biológica: Yocasta.

En este punto, Sigmund Freud se alinea con la versión oficial de la historia, es decir, la que vocifera Sófocles en su famosa tragedia: Edipo y Yocasta contraen matrimonio y tienen cuatro hijos: Polinices, Eteocles, Ismene y Antígona. Versiones más antiguas sostienen que Yocasta ya era estéril por aquel entonces, y que los hijos antes mencionados proceden del vientre de Euriganía.

Finalmente, el sabio Tiresias, verdadero alcahuete de esta tragedia, le confiesa a Edipo que es en realidad el hijo de Yocasta y Layo; es decir, que la profecía se había cumplido: el muchacho había matado a su padre y había desposado a su madre.

Aquí, nuevamente, Sigmund Freud desestima varias versiones alternativas de la historia y utiliza la que mejor se ajusta a sus propósitos.

Algunos afirman que fue Yocasta la primera en saber la verdadera identidad de Edipo. Acto seguido, se colgó. Otras versiones sostienen que tomó bastante bien la noticia, y que vivió durante muchos años más, hasta el ataque de los siete contra Tebas, en el cual sus hijos se enfrentaron entre sí.

Incapaz de tolerar el horror indecible del parricidio, y también el del incesto, Edipo se trastornó para siempre. No se arrancó los ojos, sino que se los vació utilizando los broches del vestido de Yocasta. Su destino también es incierto. Versiones alternativas aseguran que huyó, que fue encerrado, y otras que siguió reinando junto a Yocasta. El destierro es la versión que elige Sigmund Freud —la del Edipo Rey, de Sófocles—, donde Edipo es atendido en el exilio por su hija, Antígona.

Sigmund Freud se apoyó en este mito para dar forma, o mejor dicho, para explicar la esencia de su teoría sobre el complejo de Edipo, o conflicto edípico, la cual se caracteriza por los complejos sentimientos que el niño tiene en relación a sus padres, por quienes siente una mezcla de deseo y hostilidad. Cuando es positivo, el complejo de Edipo se define por el deseo inconsciente de mantener una relación con el padre del sexo opuesto, y de eliminar al progenitor del mismo sexo.

En otras palabras: matar al padre y desposar a la madre.

Si fuésemos conspicuos exégetas podríamos añadir que, en este contexto, Sigmund Freud sería algo así como la representación del Oráculo de Delfos, quien profetiza a la humanidad el mismo destino que el de Edipo.

Lo que Sigmund Freud básicamente trata de decirnos es que Edipo no soportó el horror de ver concretadas sus fantasías infantiles y se arrancó los ojos, o se los vació. Sin embargo, la dirección de esas fantasías, de acuerdo al conflicto de Edipo que desarrolla Freud, deberían estar dirigidas hacia sus padres adoptivos, es decir, Pólibo y Peribea.

Más allá de esto, el verdadero gatillo que detona el final de la tragedia no es Edipo, ni Layo, ni el Oráculo de Delfos; es la Esfinge. Si Edipo no la hubiese vencido nunca habría sido coronado como rey de Tebas, y en consecuencia jamás se habría casado con su madre biológica.

Sófocles, la fuente principal de Freud, omite que las oscuras intenciones de Hera al enviar a la Esfinge a la tierra.

Hera odiaba a Layo, debido a que éste había secuestrado y asesinado al joven Crisipo, por quien la diosa sentía un cálido afecto. Para vengarse del rey de Tebas, Hera envió a la Esfinge. Sófocles deduce que esa venganza se materializaba al matar a todo aquel que no respondiera correctamente sus acertijos, pero Hesíodo, flojo para las cronologías, supone que la misión de la Esfinge era impedir el paso a Tebas de todo aquel que no fuese Edipo.

Hera deseaba algo más que la muerte de Layo, que de hecho ya había ocurrido, sino la total y absoluta humillación de su estirpe.

En otras palabras, la Esfinge permitió que Edipo pasara habiendo respondido erróneamente al enigma. La poetisa norteamericana Muriel Rukeyser (1913-1980), reconocida por su áspera defensa de los derechos de la mujer, compuso un interesante poema al respecto, titulado: Mito (Myth):


Mucho tiempo después, Edipo, viejo y ciego, andaba por los caminos,
Sintió una fragancia familiar. Era la Esfinge.
Edipo dijo: «quiero hacer una pregunta:
¿por qué no reconocí a mi madre?»
«Porque diste la respuesta equivocada» —dijo la Esfinge.
«Pero esa fue la razón por la que todo lo demás ocurrió» —dijo Edipo.
«No —dijo ella— cuando pregunté: ¿qué camina en cuatro patas por la mañana,
en dos al mediodía, y en tres al ocaso; tu respondiste:
Hombre. No hablaste de la mujer»
«Cuando alguien dice Hombre —dijo Edipo—, también incluye a las mujeres.
Todo el mundo lo sabe»
Y ella dijo: «eso es lo que tu crees».


Long afterward, Oedipus, old and blinded, walked the
roads. He smelled a familiar smell. It was the Sphinx.
Oedipus said, "I want to ask one question.
Why didn't I recognize my mother?"
"You gave the wrong answer," said the Sphinx.
"But that was what made everything possible," said Oedipus.
"No," she said. "When I asked, What walks on four legs in the morning,
two at noon, and three in the evening, you answered,
Man. You didn't say anything about woman."
"When you say Man," said Oedipus, "you include women too.
Everyone knows that."
She said, "That's what you think."




El lado oscuro de la psicología. I Mitos griegos.


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«En mi oficio o sombrío arte»: Dylan Thomas; poema y análisis


«En mi oficio o sombrío arte»: Dylan Thomas; poema y análisis.




En mi oficio o sombrío arte (In my Craft or Sullen Art) es un poema maldito del escritor galés Dylan Thomas (1914-1953), publicado en la antología de 1946: Muerte y entradas (Deaths and Entrances).

En mi oficio o sombrío arte, uno de los mejores poemas de Dylan Thomas, describe la situación de un poeta, quien se siente obligado a escribir para honrar el oficio más que por los supuestos beneficios que podría obtener de su obra.

Este magnífico poema de Dylan Thomas está dedicado a todos aquellos autores silenciosos, nocturnos, que aspiran a la íntima y gloriosa satisfacción de ejercer el oficio, aún cuando ésto no les traiga reconocimiento alguno. En cierta manera, Dylan Thomas desestima la idea de que hay que escribir para alguien, sino precisamente lo contrario: escribir para aquellos que jamás nos leerán.




En mi oficio o sombrío arte.
In my Craft or Sullen Art, Dylan Thomas (1914-1953)

Ejercido en la silenciosa noche
cuando sólo la luna se enfurece
y los amantes yacen juntos
con todas las penas en sus brazos,
junto a la luz que canta yo trabajo,
no por ambición o por el pan
no por ambición o tráfico de encantos
en escenarios de marfil,
sino por ese salario mínimo
de sus secretos corazones.

No para el hombre orgulloso,
que se aparta de la luna enfurecida,
que escribo yo estas páginas de espumas efímeras,
ni para los muertos encumbrados
entre sus ruiseñores y salmos,
sino para los amantes, para sus brazos
que abrazan la tristeza de los siglos,
que no pagan con elogios ni salarios,
y no hacen caso alguno de mi oficio o mi arte.


In my craft or sullen art
Exercised in the still night
When only the moon rages
And the lovers lie abed
With all their griefs in their arms,
I labour by singing light
Not for ambition or bread
Or the strut and trade of charms
On the ivory stages
But for the common wages
Of their most secret heart.

Not for the proud man apart
From the raging moon I write
On these spindrift pages
Not for the towering dead
With their nightingales and psalms
But for the lovers, their arms
Round the griefs of the ages,
Who pay no praise or wages
Nor heed my craft or art.


Dylan Thomas (1914-1953)




Poemas góticos. I Poemas de Dylan Thomas.


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¡No puedo creer que no te acuerdes de mí!


¡No puedo creer que no te acuerdes de mí!




—Soy Juan, boluda, no puedo creer que no te acuerdes de mí —dijo él.

Ella sonrió. Casi siempre sonreía.

—Sería bueno que empieces a creerlo porque no me acuerdo de vos. Para nada.

Él sacudió la cabeza.

Buscaba palabras, evidencias. Es muy difícil probarle a alguien que uno lo conoce.

—A ver —dijo él—, vos te llamás Mariana, ¿no?

—Si, claro. ¿Y?

—Y tus padres se llaman Matías y Julieta —siguió él.

—Ahá.

—Cursaste la primaria en la 18. Trabajás de camarera en un bar, el Teufel, donde para el chanta del profesor Lugano.

Ella asintió con la cabeza.

—Tenías una perrita, Chicha, que la atropelló un colectivo. Tenés una foto de ella como fondo de pantalla. Te gustan las películas viejas; si son de época, mejor. Hace poco compraste la colección completa de Galeano, pero no leíste ni una página. Todavía extrañás a tu ex. En el muslo derecho tenés un lunar igual al de tu abuela.

Ella levantó las cejas, apenas: un gesto imperceptible, salvo para Juan.

—Ahora decime cómo puedo saber todas esas cosas si no te conociera. De hecho, todo eso prueba que te conozco —agregó él.

—No —dijo ella—, eso prueba que sabés cosas sobre mí, no que me conocés.

—¿Y cuál sería la diferencia? Quiero decir, para saber esas cosas tengo que conocerte, ¿no?

—No necesariamente. Podés saber muchas cosas sobre una persona sin llegar a conocerla —argumentó ella—. Pero acá el tema es mucho más simple: me importa un carajo si crees que me conocés. ¡YO NO TE CONOZCO A VOS!

—¡Cómo podés decir semejante barbaridad, Mariana! Desde hace tres años que voy todos los días, absolutamente todos, al bar donde trabajás. Hablamos un millón de veces.

—¿Entendés castellano, nene? ¡NO TE CONOZCO!

—Me estás haciendo calentar al pedo, Mariana.

—¡Me chupa un huevo! No sé quién sos. Ahora, disculpame.

—Esperá —dijo él, estirando la mano.

—¡Soltame, pelotudo! A ver si te entra en la cabeza: no sé quién sos, flaco.

—Esto es una tomada de pelo, Mariana. Hace tres años que nos conocemos. Nos vemos todas las tardes, en el bar. No una, no dos, no tres, todas las putas tardes. ¿Cómo mierda puede ser que no me conozcas?

—¡NO TE C...

—¡Basta! Me cansaste. Necesitabas pruebas y te las dí. ¿Querés fotos? Esperá, dejame buscar —dijo él, pasando el dedo frenéticamente por la pantalla del teléfono—. ¿Ves? Esta la saqué en el bar. Y esta. Y esta otra. ¿Suficiente? Espero que sí porque ya me hinché las pelotas. No te voy a permitir que te sigas burlando. Claro que te conozco. Claro que me conocés. Y no, no te pienso desatar.




Egosofía: filosofía del Yo. I Diarios de antiayuda.


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